Enfermedad y conducción
A
pesar de que existen grandes diferencias individuales en el proceso de
envejecimiento, incluso los mayores relativamente sanos presentan
déficits en las áreas cognitivas, sensoriales o motoras.
Es de esperar que estos cambios o alteraciones modifiquen
progresivamente su capacidad para conducir, incrementando las
dificultades que puedan encontrar en la carretera.
Las
personas mayores que conducen pueden sufrir envejecimiento fisiológico y
estados patológicos. Entre las alteraciones fisiológicas que conlleva
la edad se encuentran la disminución de la agudeza visual, la reducción
del campo de visión y el aumento del tiempo de adaptación a los cambios
de luminosidad. Además, se reduce su capacidad de procesamiento de
información de la carretera y disminuyen sus reflejos de respuesta ante
la aparición de imprevistos. En esta línea, algunos autores como Ackerman et al han propuesto que estos déficits físicos sólo afectan a la conducción
en la medida que disminuyen la velocidad de procesamiento de información
y respuesta. Ciertos estudios como el de Marmeleiraa et al ponen de manifiesto que la práctica de ejercicio por parte de las
personas mayores es capaz de mejorar una serie de habilidades relevantes
para la conducción. Estos autores observaron tras la aplicación de un
programa de entrenamiento físico y cognitivo una serie de mejoras en el
tiempo de reacción, tiempo de respuesta y atención visual.
Sin embargo, Hakamies-Blomqvistha sugerido que el mayor índice de accidentalidad de las personas
mayores no se debe al deterioro general asociado a la edad, sino al
deterioro particular que sufren ciertos subgrupos de alto riesgo dentro
de la población anciana, aquéllos con trastornos específicos que afectan
a la ejecución en la carretera, especialmente los que aparecen de forma
repentina.
Los mayores también sufren un mayor daño cuando se produce un accidente de tráfico. Lam y Lam
comprobaron que, una vez que un anciano ha sufrido un accidente, la
probabilidad de que se produzca una lesión grave o la muerte es seis
veces mayor en aquellos casos en los que dicho accidente ha sido debido a
un cambio repentino en la salud del anciano.
Por
otro lado, el padecimiento de algunas enfermedades crónicas puede
afectar a la capacidad para conducir. Algunas de estas enfermedades,
según Navarro son las siguientes:
La diabetes mellitus, una de las afecciones crónicas en la población geriátrica más prevalente,
es un problema serio para un importante porcentaje de conductores con
hipoglucemia. Con la finalidad de evitar accidentes de tráfico, se
recomienda que los diabéticos insulinodependientes comprueben que tienen
controlado satisfactoriamente su padecimiento, con niveles equilibrados
de glucemia. La renovación de su carné depende del informe de un
médico. Los diabéticos no dependientes de la insulina pueden obtener el
carné en la forma habitual si cumplen con los requisitos médicos
habituales.
Otras dolencias, como las cardiovasculares, principal causa de mortalidad en este grupo de edad,
pueden aumentar el riesgo de accidentes. El conductor puede sufrir un
episodio súbito incapacitante mientras está circulando. Hasta ahora, la
mayoría de los estudios estiman una incidencia baja de las dolencias
cardíacas en la causalidad de los accidentes de tráfico. Ahora bien, se
recomienda no conducir durante los episodios agudos de dolencias como la
angina de pecho y aun cuando los síntomas estuvieran bajo control, se
debe conducir con menor frecuencia. Después de un infarto de miocardio o
de la implantación de un marcapasos, se debe dejar de conducir por lo
menos un mes. Si el paciente sufriera de arritmia importante, debería
dejar de conducir.
Además, los
problemas musculoesqueléticos, especialmente la osteoartritis, son
comunes en la vejez. La espina cervical se vuelve más rígida, por lo que
puede verse reducida la visión periférica y limitar la percepción del
entorno alrededor del vehículo. La osteoartritis o la artritis
reumatoidea afectan principalmente a maniobras tales como embragar,
girar y asegurar el volante. Deformaciones de las manos o los pies
también pueden alterar la presión sobre el volante o los pedales de
freno y embrague.
La epilepsia
tiene una incidencia relativamente alta en la vejez. Sin embargo, los
exámenes psicotécnicos carecen de instrumentos que permitan identificar
esta enfermedad. Se recomienda que se retire el carné de conducir si el
conductor sufrió un ataque epiléptico en los últimos seis meses. Si el
paciente no ha tenido ningún ataque epiléptico por un período de un año o
solamente uno durante los tres últimos años, podrá obtener el carné de
forma condicional
Medicación y conducción
Además
de prestar atención a las enfermedades, los conductores deben ser
conscientes de los efectos secundarios de algunos medicamentos y sus
efectos sobre la conducción. El uso de medicación aumenta con la edad y
es muy común su consumo en personas mayores de 65 años. En nuestro país,
Garre-Olmo et al
encontraron que un 45,8% de los conductores mayores de 74 años tomaba
medicamentos relativos al sistema nervioso central, siendo un 13% de
éstos medicamentos ansiolíticos. Este hallazgo resulta significativo, ya
que el consumo de benzodiacepinas se ha asociado con un incremento en
el riesgo de accidentes.
Además de las benzodiacepinas, existen otros fármacos cuya
administración podría afectar a funciones importantes para la conducción
de vehículos (antihistamínicos, antiepilépticos, analgésicos opiáceos,
antidiabéticos), y que deben ser tomados en consideración.
Con
la edad, las funciones renales y hepáticas disminuyen, lo que reduce la
capacidad de inactivar o excretar dichos medicamentos.
También el porcentaje de grasa corporal se incrementa, lo que aumenta
el volumen de distribución de fármacos lipofílicos, permaneciendo los
niveles sanguíneos del fármaco elevados durante mayores períodos de
tiempo.
Además,
la mayoría de estos fármacos se potencia, es decir, aumenta su efecto
cuando se bebe alcohol simultáneamente, y muchos interactúan entre sí
incrementando sus efectos negativos para la conducción cuando se los
ingiere juntos (por ejemplo, el consumo simultáneo de varios depresores
del sistema nervioso central puede resultar en un mayor impedimento)
Tal
es la importancia de los efectos secundarios de los fármacos sobre la
conducción que, actualmente, la legislación europea prevé incluir
pictogramas en el cartonaje del fármaco que adviertan de la posible
alteración de la capacidad de conducir..
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